El Camino de Santiago, una experiencia de turismo diferente

El Camino Jacobeo comenzó en el siglo IX, en las puertas de la catedral de Oviedo. Desde ellas partió Alfonso II El Casto, con un gran séquito para confirmar que, bajo aquellos destellos que un ermitaño afirmaba haber visto en un bosque, yacían los verdaderos restos del apóstol Santiago. Desde 1993 las rutas jacobeas son reconocidas además como Patrimonio de la Humanidad.

La sencilla flecha amarilla ideada por el sacerdote Elías Valiña, pintada en calzadas, casas, muros o árboles, es un símbolo universal, una marca sin pretensiones, al igual que la ancestral vieira. El Camino de Santiago nos hará conocer lugares inimaginables, (algunos hasta parecen detenidos en el tiempo) y gente maravillosa que será nuestros compañeros de camino. Aprender a ser feliz con lo mínimo, un camino de encuentro con nosotros mismos. Siguiendo la flecha amarilla, vamos construyendo un camino de experiencias.

 

 

Cuando estuve en Santiago, escuché a uno de los peregrinos decir que cuando tenía un quiebre, se iba a hacer el Camino de Santiago. Era un alemán sin religión, que había hecho ya 3 veces el Camino de Santiago. Dijo que lo hacía como un desafío personal y como manera de meditar sobre la vida. Que en el camino había encontrado respuesta a muchas situaciones de su vida. El hecho de caminar serena el espíritu, ayuda a tomar perspectiva y abrir la cabeza para ordenar las ideas, esto no es ninguna novedad. Los discípulos de Aristóteles ya lo sabían, y se perdían largas horas en caminatas para invocar su genialidad.

El peregrinar, no es un paseo, sino un camino de transformación. Ya lo decía el poeta Machado: “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”. En Europa, hay unas 256 rutas, señalizadas como Itinerario Cultural Europeo, que van desembocando en los caminos de la Península. Pero dependiendo de la experiencia, también hay tantos caminos como peregrinos! Uno avanza, siguiendo las flechas amarillas, pero va construyendo su camino con las experiencias que deja entrar en él. Hay una película muy linda del año 2010 con Martin Sheen que se llama The Way (El Camino) donde se expone que cuando uno se abre y confía, el camino es mágico y todo termina cerrando. Lo importante, no es solo entrar en la Plaza del Obradoiro y quedarse extático contemplando la gran Catedral medieval, lo importante es lo que se vive en el proceso para llegar a ese final, cada uno a su ritmo. Aún cuando somos de los que planifican los kilómetros que se hará por día y donde alojarnos, etc. no lo podemos controlar todo y debemos rendirnos a la experiencia de vivir un paso a la vez. En la vida, no podemos controlar todo, y vaya si lo estamos aprendiendo, desde que comenzó la pandemia!

Lo común, es levantarse muy temprano y salir, cuando aún es de noche, cargando en silencio la mochila. “Buen camino, peregrino”, oirás muchas veces. Desayunar en algún pueblo del camino y seguir, para llegar sobre el medio día a la siguiente etapa y encontrar un albergue donde dormir. Hermosos paisajes recorrerás, en el trayecto. Intrincados senderos, frondosos bosques verdes, cuestas sinuosas y puentes medievales. Habrá tiempo bueno y tempestades, probables ampollas también dificultarán el andar. Todo ello es parte de la experiencia. Al llegar al final de la etapa del día, se busca hospedaje dónde dormir. Hay albergues que son casas de acogida, en donde se mantiene el espíritu de acogida. Hay albergues públicos que son grandes dormitorios con cuchetas. Sin importar donde nos toque dormir, ahí uno conocerá muchas personas de diferentes nacionalidades, compañeros temporales de camino, que finalmente volveremos a encontrar en la Plaza del Obradoiro. Olvidar el reloj, vivir conforme a los ritmos que marque nuestro cuerpo, dormir cuando el sol se pone y despertar al alba. Ya no necesitamos de las redes sociales. ¿Para qué? Si estamos en la intimidad de nuestro peregrinar? Desconectar, perder la vergüenza a hablar con desconocidos, darnos el tiempo de escuchar lo que otros nos cuentan y confesar que si, que estamos deseosos de llegar, por demostrar y demostrarnos a nosotros mismos, que somos capaces.

Al llegar al Monte do Gozo, la ciudad se ve a lo lejos. Sabemos que vamos a llegar. Confiamos. Nos alegramos. Nos emocionamos. Muchas cosas han pasado en poco tiempo, porque lo que cada día se nos hace sinuoso, al llegar, parece que fue ayer que comenzamos. La emoción es más fuerte que las dificultades. Recuordamos cuando dimos el primer paso con nerviosismo, y todos los pensamientos que se amontonaban en nuestra cabeza, los nervios, la ilusión, la actitud expectante. Tranquilo, solo hay que caminar y caminando se hace camino, se transmutan emociones y también nos transformamos. Claramente, ya no somos los mismos. Poco a poco, la naturaleza irá dando paso a la ciudad, el verde al gris polígono y el asfalto acogerá nuestros pasos. En esos escasos 5 kilómetros aún habrá margen para la magia y para que todo encaje. Como si de un cubo de Rubik se tratara, todo queda perfectamente colocado, hasta los abrazos que finalmente habremos podido dar a esos peregrinos con quien hemos compartido primeras etapas y que hacía días que no veíamos. La cuadratura del círculo. La serenidad de ir cerrando una etapa. Suena una gaita, el asfalto se convirtió en adoquines, y se oye por ahí: “pueden estar orgullosos de lo que lograron”. Este año se celebra el Xacobeo 2021, un año lleno de celebraciones y actividades en las Rutas Jacobeas que atraerá a Santiago de Compostela a miles de peregrinos. Conciertos, exposiciones, congresos, charlas… y encuentros sobre las diferentes Rutas del Camino de Santiago son algunas de las actividades incluidas en el Plan Xacobeo 2021 por la Xunta de Galicia. Además, el Xacobeo 2021 se inauguró en el contexto inédito de una pandemia mundial a causa de la Covid-19, y desde la Santa Sede han considerado que lo más seguro es prolongarlo a 2022. El objetivo: evitar aglomeraciones, al tiempo que se permite a más peregrinos ganar el jubileo y peregrinar a Santiago en Año Santo.

A pesar de tratarse de un hecho excepcional, no es la primera vez que un Xacobeo es doble. En 1937, en plena Guerra Civil, el papa Pío XII decidió prolongar durante 1938 las llamadas gracias jubilares. La Puerta Santa permanecerá abierta hasta el 31 de diciembre del 2022, dando doce meses más de plazo para peregrinar a Santiago en Año Santo.

Buen camino!