Origen e historia del té

 El té es una de las bebidas más antiguas del mundo, con millones de adeptos en todos los países, y que se expandió desde China de manera lenta y constante.

Según cuenta la leyenda china, el té surgió de la mano del emperador Shen-Nung, quien vivió hace unos 5.000 años. Un día el emperador se sentó bajo la sombra de un árbol para descansar y hervir agua, como era su costumbre, cuando unas hojas de ese árbol cayeron de manera casual en el agua.

Shen-Nung probó el té y se sintió reconfortado, así que mandí enseguida plantar semillas de ese árbol silvestre. Y con ello nació el té, en el año 2.737 AC.

Consumo del té a lo largo de la historia de la humanidad

Más allá de las leyendas, es importante destacar el rol que ha jugado el té a lo largo de la historia, y como algunas de  las prácticas de consumo originarias, aún forman parte de la vida cotidiana de algunos pueblos. 

A lo largo de la historia del té, se identifica 4 grandes formas de consumo:

Consumo medicinal.

Consumo alimenticio.

Preparación y consumo en forma de suspensión, cuando se disuelve un sólido por pulverizado en el agua.

Preparación en infusión, cuando se consume el resultado del contacto de las hojas con el agua (como lo hacemos nosotros en occidente).

Consumo Medicinal

Shen-Nong, mítico emperador, anterior a los períodos dinásticos, considerado el padre de la agricultura china, descubrió accidentalmente el té, según cuenta la leyenda, en una salida de exploración al campo, en el año 2737 AC. El uso medicinal de esta planta, fundamentalmente como febrífugo y digestivo quedó registrado en el libro de medicina tradicional china Hierbas y Prescripciones, atribuído a Shen Nong, pero publicado durante los años de la dinastía Han que rigió durante los años 200 AC y 250 DC. En él se describe tanto la taxonomía o forma de las plantas, como sus usos y efectos medicinales.

Consumo Alimenticio

La segunda forma de consumo que podemos identificar, comienza aproximadamente a partir del año 680 de nuestra era. Por este entonces, el té comienza a cobrar una relevancia alimenticia que se extiende por más de 1400 años hasta el día de hoy. Es en esta época cuando en las provincias de Yunnan, Sichuan y Hunan se empieza a producir el llamado te de la frontera, que eran tés de baja calidad, para exportar en grandes cantidades y cuya función era satisfacer las necesidades de vitaminas y minerales de los pueblos de Mongolia y el Tibet. Estos pueblos nómades y guerreros tenían una dieta muy rica en grasas y proteínas. Ellos tenían yaks para extraer leche, manteca, grasa, carne y cuero, pero no tenían verduras o frutas que le proporcionaran vitaminas o minerales, siendo el té el que vino a suplir esa carencia, hasta el día de hoy. En este periodo se encuentra inserto uno de los capítulos más extenso e interesante de la historia del té, que va de los años 680 a 1949, aproximadamente. Nos referimos a la Ruta del Té y los Caballos, un camino de más de 2.250 Km. de largo, que unía zonas productoras de té con ciudades como Lhasa, la capital del Tibet y Calcuta, en India. Una de las ramas de esta ruta, partía en el pueblo de Pu’er, en la provincia de Yunnan, actualmente conocido como Simao, y debido a las condiciones del camino en la alta montaña, en alguna de sus secciones era necesario llevar la carga a pié. A cambio de té los chinos compraban caballos Mustang para reforzar sus líneas de defensa. Cada caballo costaba un estimado de 60 kg. de té, y cada cargador podía llevar en sus espaldas casi todo el té necesario para cambiarlo por 2 caballos. Hasta el día de hoy hay pueblos para los cuales el té forma parte de su dieta diaria. Hay tés mezclado con leche, sal, manteca y otros aderezos para beberlo continuamente a lo largo del día.

Consumo en forma de suspensión

Un nuevo tipo de consumo llegaría 300 años más tardes, durante la Dinastía Song, cerca del año 960 DC. Para este momento el consumo de té sobrepasaba ampliamente el uso meramente alimenticio. Las exportaciones a países limítrofes y su consumo como una bebida social se había expandido por toda China y ya había zonas famosas de producción en varias provincias del imperio. En esa época, primaba la producción del té verde, que era procesado al vapor, comprimido y conservado en discos, alguno de los cuales eran sellados con cera. La compresión del té facilitaba su traslado, almacenaje y conservación, pero era tal la presión aplicada para convertirlos en discos o ladrillos, que para poder prepararlo había que romperlo, rallarlo y luego molerlo con instrumentos especialmente diseñados para eso. Aunque no era bebido como medicina ni como complemento alimenticio, el té seguía siendo ingerido completamente, ya que lo que se bebía era el polvo de las hojas disueltas en agua, batiéndolos con un instrumento hecho de bambú para formar sobre la superficie de la preparación una espuma regular y persistente de color blanco. Esta forma de consumo era muy similar a lo que actualmente conocemos como la única forma de consumo verdaderamente ceremonial que existe, precisamente porque el Chanoyu (como es conocida en Japón la Ceremonia del Té) es una herencia cultural directa de la forma en cómo se preparaba el té en China en esa época. Es importante mencionar  que el Japón recién comienza a producir té cerca del año  de nuestra era, de la mano de monjes budistas que se formaban en china y llevaban consigo las plantas que les permitían estar despiertos en sus largas  jornadas de meditación. El té comenzó a penetrar las costumbres y cultura de Japón y su producción fue perfeccionada y refinada, como suele hacerlo los japoneses. El té matcha es el representante contemporáneo de esta forma de consumo que tiene más de 1.000 años de antigüedad.

Consumo de la preparación en infusión

Finalmente, la última forma de consumo del té y la que actualmente usamos, recibe su mayor impulso, inesperadamente, en el año 1.391. Aproximadamente, a partir del año 1.000, toda la zona de producción de té entre las cuales se encontraban las privincias de Yunnan, Sichuan, Hunan, Zhejiang y Fujian, contaban con un jardín, especialmente, cada una, dedicado a la producción de té de tributo para la corte imperial. Todo el té tributo, así como la mayoría de los tés producidos en China para el consumo interno, eran té verde, fabricado en formatos comprimidos, especialmente en forma de disco, que para ser debidamente identificados, como el tributo, tenían impreso en sobre relieve, las figuras imperiales del fénix y el dragón. En el año  1391, el emperador Zhu Yungzhang, ordenó al jardín imperial de Fujian que dejara de producir el formato comprimido y que a partir de ese momento todo el té que llegaba al palacio, viniera en forma de hojas sueltas, decisión que tuvo consecuencias insospechadas en la evolución de esta bebida. La producción de té que se enviaba de tributo a los palacios imperiales, en el formato comprimido consideraba múltiples pasos de producción y una muy cuidada selección de las hojas que lo componían, lo cual exigía un enorme esfuerzo del personal y recursos. El protocolo de preparación era tan exigente que solo las hojas más frescas, completas e inmaculadas podían formar parte de estos discos. A partir del momento de la prohibición de este formato, las capacidades productivas aumentaron significativamente, y el menor de esfuerzo relativo en la producción de té en hojas sueltas aumentó la disponibilidad de esta bebida a través de toda china. Esta mayor disponibilidad bajó los costos y generó a su vez una mayor demanda, y con el tiempo las plantaciones de té se extendieron y alejaron de los centros de procesamiento. Si antes los jardines estaban a unos  pocos metros de los templos, la expansión de los territorios cultivados alejó a las plantas de té de los centros de procesamiento. Este sencillo hecho hizo que al trasladar el té cosechado desde mayores distancias, el movimiento de los canastos comienza a magullar algunas hojas y a propiciar la oxidación parcial de algunas de ellas, abriendo la puerta al descubrimiento de una nueva área de té que actualmente se conoce como Oolong. En esta cuarta forma de consumo se expande la presencia del té en infusión y aparecen nuevas técnicas de preparación conocidas hoy en día como gongfu, que no tienen nada de ceremoniales, pues fueron desarrolladas para su uso cotidiano. La principal característica de la preparación gongfu es una disminución drámatica del tamaño de los recipientes en los cuales se prepara el té. No se utilizan teteras de varios litros de capacidad para servir a muchas personas, como era antiguamente, sino que pequeños recipientes que no alcanzan a llenar las tazas que usamos habitualmente en occidente. El corolario de esta fase de consumo infusión del té, se produce hacia el año 1700, cuando en la villa Tong Mu, (hoy en la Reserva Natural de Wuyishan, Fujian), se produce por primera vez en la historia, un té negro: el Lapsang Souchong, destinado a satisfacer la voracidad comercial de los imperios occidentales que tomaron contacto con China a partir del siglo XVII, entre los cuales destacan los holandeses y los ingleses.